Modelaje artístico, erótico o porno

Estos tres conceptos se mezclan generalmente, y no mucha gente sabe en qué se diferencian con exactitud, pero son una interesante opción a la hora de trabajar en el mundo de ocio para adultos, sin que por fuerza tenga que ser salir delante de una cámara (en movimiento, quiero decir, el flash del objetivo no te lo quita nadie, jeje).

Y como siempre, dos ejemplos a mostrar, esta vez dos conocidos, chico y chica, que se decidieron por esta salida laboral, y que ya contaban ambos con una discapacidad intelectual. Alberto siempre quiso ser actor, de los clásicos que hacen películas de acción, dramas románticos o comedias desternillantes, pero sus características no le permitían aprender ningún guión ni interactuar con otros compañeros. Es un chico guapete, bastante resultón, y lo mejor que tiene es una cara muy expresiva, que transmite sin necesidad de palabras; y fue justamente en eso en lo que se fijó uno de sus amigos, fotógrafo de profesión.

Hoy Alberto se dedica a hacer fotografía artística, y es uno de los modelos más cotizados en esa modalidad, aunque pocas veces trabaja con alguien que no sea su amigo y descubridor. Sus grandes ojos, su rostro capaz de mostrar cualquier sentimiento y su lenguaje corporal son sus rasgos más significativos, y nadie más allá de su círculo familiar y de amigos sabe de su discapacidad.

¿Y qué pasa con Irene? Ella es la otra chica de la que os hablaba, y también se dedica al modelaje, pero con un sabor algo más picante. Empezó como modelo erótica por casualidad, gracias a una amiga con la que un día se sacó unas fotos guarras en casa, como un juego; y esta amiga las mandó a una agencia de publicidad sin que Irene lo supiera. Cuando la llamaron, la pobre alucinaba en colores, y más su madre, que la acompañó; pero todo el mundo se comportó de forma muy profesional, realmente estaban interesados en trabajar con ella, y no pasó mucho tiempo hasta que la chica cogió tanto soltura delante del objetivo, que los mismos jefazos le propusieron que se pasara al modelaje porno.

Irene toma este trabajo como si fuera cualquier otro, cuidando su aspecto exterior, su forma física, e intentado seguir las nuevas modas que, también en el porno, surgen de vez en cuando. Ella no piensa en cuántas pasiones (y otras cosas) levantan sus fotos, sino que llega al estudio, realiza lo que le piden de la mejor forma que sabe, y luego se cambia y vuelve a casa. No es muy apasionante así contado, pero ella lo lleva perfectamente bien, y es tan profesional como la primera. Por eso, su éxito está subiendo también como la espuma.

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